Gerard
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Gerard
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« en: Febrero 05, 2010, 04:23:41 PM » |
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Una prioridad actual sin duda alguna es que niñas, niños, las y los adolescentes que cursan la educación básica tengan garantizado el derecho a recibir una sana alimentación, variada y equilibrada, que contribuya al desarrollo de hábitos relacionados con su desarrollo integral.
Mejorar el desempeño y el logro escolar tiene relación con la capacidad de aprendizaje de cada persona, la cual en gran medida depende de una buena alimentación: sana, variada y equilibrada.
Precisamente, una niña o un niño que lleva un régimen de alimentación variada y equilibrada se encontrará más apta o apto para aprender, mientras que si no se alimenta de manera saludable, bebe poca agua o consume una cantidad excesiva de azúcares, es muy probable que presenta problemas de salud que inciden en un bajo rendimiento escolar.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 (ENSANUT) reporta que el 12.7% de niños menores de 5 años presentan desnutrición crónica (baja talla y bajo peso) y 1.2 millones presentan anemia crónica; reportándose un importante número de niños que ingresan al hospital por causas asociadas a deficiencias nutricionales. En el otro extremo, la Encuesta alerta sobre el riesgo en el que se encuentran más de 4 millones de niños de entre los 5 y los 11 años, pues la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad se presenta en uno de cada cuatro niños (26%), mientras que uno de cada tres adolescentes la padecen (31%), lo que ha llevado a nuestro país a ocupar el primer lugar en obesidad infantil (Encuesta Nacional de Coberturas del IMSS).
La mala nutrición se refiere a la desnutrición como al exceso de la ingesta. La desnutrición es el resultado directo de una dieta inadecuada, en cantidad o calidad, y del efecto acumulativo de situaciones repetidas de enfermedades infecciosas y otros padecimientos. Por otro lado, la obesidad es el resultado de un desequilibrio entre la ingestión y el gasto de calorías, éste frecuentemente es consecuencia de los malos hábitos alimenticios como la ingesta de dietas con alta densidad energética y bajas en fibra, y de bebidas azucaradas, en combinación con una escasa actividad física.
Corresponde a las autoridades educativas y a la comunidad escolar contribuir de la mejor manera a que niñas, niños, las y los adolescentes adquieran un estilo de vida saludable, lo que conduce no sólo a contemplar la pertinencia del currículum para el desarrollo de competencias para la vida atingentes al tema sino, además, a establecer estrategias y acciones de prevención y promoción de la salud que hagan posible el ofrecerles dentro y fuera de la escuela, alimentos nutritivos y bebidas saludables en condiciones de higiene, aunado a una práctica cotidiana y adecuada de actividad física.
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